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de los proyectos | Payagala |
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Últimas
noticias de Payagala, enero y febrero de 2006 |
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El H. Dominick Pujia, Director de la Oficina de Solidaridad
Internacional (BIS), órgano del Instituto para
la paz, la justicia y la solidaridad estuvo en Asia
del 11 al 20 de enero, viendo los proyectos de India
y Sri Lanka Y giró una visita proyectiva a
Payagala, Sri Lanka, el 18 de enero. Éstas
son sus consideraciones sobre el progreso de la reconstrucción
de la escuela sucursal de esta pequeña aldea
pesquera. Las noticias van acompañadas de imágenes
del primer día de clase allí, cuando
se estrenaron las nuevas aulas. [hacer clic para seguir
el reportaje completo]
En Payagala, a escasos kilómetros de Kalutara,
los hermanos están reconstruyendo la Holy Cross
Branch School. El anterior inmueble fue destruido
por el tsunami que costó la vida a miles de
personas y barrió ciudades y poblados costeros
por diversos países del entorno del Océano
Índico. No hubo que lamentar muertes entre
los alumnos y profesores de la escuela, ya que aquel
infausto día, 26 de diciembre de 2004, no había
clase cuando las olas sacudieron el litoral.
Las nuevas ordenanzas que dictó el gobierno
tras la tragedia vetan todo tipo de construcción
a menos de 100 metros de la raya del mar. A la vista
de tales disposiciones, no quedaba otro remedio que
buscar un nuevo espacio para la escuela. En marzo
de 2005, la diócesis local se fijó en
un terreno adecuado que estaba en venta en Payagala,
no lejos del anterior emplazamiento de la escuela.
Hubo una negociación con el obispo. Si la diócesis
adquiría la parcela, los hermanos asumirían
la responsabilidad de reconstruir la escuela. Con
la mirada puesta en poder tener un día un buen
centro educativo en Payagala, se hicieron los planos,
se bendijo el terreno y se aprobó un plan estratégico
de desarrollo gradual. Primero se construirían
cinco aulas para reemplazar a la antigua escuela.
Según fueran viniendo más alumnos, y
contando con presupuesto paralelamente, continuaría
el resto de la construcción hasta alcanzar
el objetivo final de un edificio de cuatro plantas.
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| A fines de junio de
2005, el Consejo General dio su aprobación a
la construcción de la planta baja de la escuela
(cimentación, diez aulas, capilla, gestión
y sanitarios). La financiación de esta primera
fase de la reconstrucción proviene de diversas
fuentes: padres, donantes individuales, agencias internacionales
de fondos, tales como Missio-Munich, Caritas-Liechtenstein,
Aiutare i Bambini-Milán, y finalmente las aportaciones
del fondo del Instituto para el Tsunami. Este fondo
se creó en enero de 2005, a través de
un llamamiento especial que hizo el H. Seán Sammon,
Superior General de los Hermanos Maristas, a las unidades
administrativas, obras apostólicas, comunidades
y colaboradores del Instituto. Se recogió una
cantidad de más de 1’1 millones de dólares
para proyectos de recuperación en Sri Lanka e
India tras la devastación que trajo consigo aquel
desastre natural.
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H. Clinton,
Mr. Sarath and Mr. Samudra |
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Enero 2005 |
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En septiembre de 2005, al mismo tiempo
que se reunían en Negombo, Sri Lanka, los provinciales,
superiores de distrito y otros miembros, junto con el Consejo
general, para asistir a la 7ª Conferencia General, empezaron
las obras de reconstrucción de la escuela de Payagala.
Se excavaron cimientos profundos, se echaron las bases de
cemento. Cuando empezaron a levantarse las columnas de cemento
armado, el H. Clinton Perera, supervisor del proyecto, el
Sr. Sarath, ingeniero y contratista, y el Sr. Samudra, constructor
y exalumno del Maris Stella, el colegio de los hermanos de
Negombo, contaban con que las cinco clases estuviesen listas
a principios de febrero de 2006.
Hubo
un regalo inesperado, que llegó a mediados de septiembre,
confirmándonos que el proyecto iría por buen
camino. La Princesa Marie de Liechtenstein, Presidenta de
la sección de la Cruz Roja de aquel principado, anunciaba
la donación de 300.000 euros para la nueva escuela
marista de Payagala. Esta generosa contribución procedente
de los ciudadanos del pequeño país situado en
los Alpes europeos garantizaba la finalización de la
planta baja y permitía a los hermanos de Sri Lanka
comenzar la siguiente fase de la reconstrucción, esto
es, diez aulas más, laboratorios de ciencia y salas
de profesores.
Con la inspección continua del H.
Clinton y el ingeniero, más un sostenido abastecimiento
de materiales y la labor de una brigada de albañiles
que establecieron su residencia temporal en el propio terreno,
la obra fue adelante a buen ritmo, trabajando a veces incluso
hasta muy entrada la noche. Las fuertes lluvias de octubre
y los ciclones de diciembre causaron los consabidos retrasos.
No obstante, en la visita de mediados de enero pudimos comprobar
los avances de la obra. Hacia la mitad de junio las cinco
primeras aulas estaban prácticamente listas para utilización.
Había que adecuar los accesos, e instalar marcos de
madera para las ventanas y rejillas de ventilación.
La segunda sección de clases quedaba ya trazada, para
dar paso al posterior trabajo de albañilería.
Y se estaba echando el pavimento de cemento para la capilla,
las ofi cinas
y el vestíbulo. El objetivo de instalarse allí
a principios de febrero entraba dentro de lo previsible.
El 7 de febrero de 2006 fue la gran fecha
para los alumnos, los padres y los educadores de la escuela.
En una ceremonia sencilla pero muy emotiva, los estudiantes
de la Holy Cross Branch School de Payagala estrenaron los
locales en medio de expresiones de satisfacción y lágrimas
de alegría. Lo hicieron entrando ordenadamente de dos
en dos, junto con sus profesores, recibidos por la guardia
de honor de los encargados de la escuela, los padres y los
obreros de la construcción que asistían al acontecimiento
con atención sencilla y a la vez con orgullo. Hasta
ahora, los estudiantes, todos chicos, del primer al tercer
grado, habían tenido sus clases en la escuela central
de Kalutara. Se estableció un doble horario para que
éstos no perdieran curso y para que siguieran manteniendo
un cierto sentido de normalidad después de que su escuela
quedara arrasada por el tsunami.
Ondearon
las banderas, se oían risas. Los sonidos de pupitres
y bancos moviéndose por las aulas y las voces de los
profesores empezando con sus lecciones llenaron el aire en
este primer día de clase. A distancia se podía
percibir el ruido de las máquinas ya que los albañiles
volvían a sus tareas inacabadas. La promesa de una
escuela nueva en Payagala es ya una realidad. Hay un futuro
luminoso para estos alumnos y los que vengan detrás.
La recuperación y el desarrollo están en marcha
en aquella localidad, al fin.
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