 Fue
en un día como hoy, hace 16 ans, cuando la
Convención sobre los Derechos del Niño fue adoptada
por la Asamblea General de la ONU. Después de su entrada
en vigor, el 2 de septiembre de 1990, se ha convertido en
el instrumento internacional de Derechos Humanos con mayor
número de ratificaciones por parte de Estados miembros
de las Naciones Unidas. A partir de la aprobación de
la Convención, se generó un movimiento mundial
en favor de los niños, las niñas y los adolescentes.
Ya en 1990, y tratando de dar seguimiento a la ratificación
de esta Convención, se realizó una Cumbre Mundial
en favor de la Infancia, donde los gobiernos de todo el mundo
hicieron importantes promesas para promover más oportunidades
y mejores condiciones de vida de los niños, niñas
y adolescentes de todas partes del planeta.
Dos jóvenes, Gabriela Azurduy (13
ans, Bolivia) y Audrey Chenynut (17 ans, Mónaco),
dirigían las siguientes palabras a los delegados presentes
en la Sesión Especial de la Asamblea General de las
Naciones Unidas a favor de la Infancia, en mayo de 2002:
“Somos los niños y niñas
del mundo.
Somos las víctimas de la explotación y el
abuso.
Somos niños y niñas de la calle. Somos niños
y niñas de la guerra.
Somos las víctimas y los huérfanos del VIH/SIDA.
Se nos niega una educación de buena calidad, así
como buenos servicios de salud.
Somos las víctimas de la discriminación política,
económica, cultural, religiosa y del medio ambiente.
Somos niños y niñas cuyas voces no se oyen:
es hora que nos tomen en cuenta.
Queremos un mundo adecuado a las necesidades de los niños
y niñas, porque un mundo adecuado a nuestras necesidades
es un mundo adecuado a las necesidades de todos”
(Se puede leer el texto completo en: http://www.unicef.org)
Si bien es cierto que se ha avanzado mucho
en el seguimiento de estos compromisos internacionales y que
existe una mayor sensibilidad mundial ante el tema de la protección
de la niñez, en esta reunión de 2002 se constató
que aún falta mucho trabajo para dar cumplimiento a
los objetivos de la Cumbre Mundial de 1990. Muchos han hablado
de esta Sesión Especial a favor de la Infancia como
una segunda oportunidad para los niños y las niñas
de todo el mundo. Los esfuerzos se han redoblado en muchos
países, y muchas voces, antes calladas, han querido
unirse a este esfuerzo internacional. Los Maristas, presentes
en 77 países, somos una voz que poco a poco comienza
a ser oída en el concierto de las naciones.
Como Marcelino, sentimos el deseo de manifestar
a los niños y jóvenes el amor que Dios les tiene.
Y ese Amor lo traducimos, en muchos lugares, en presencia,
escucha, palabras de aliento, educación, catequesis,
tiempo compartido... Son las maneras de demostrarles a ellos
y ellas cuánto los ama Jesucristo.
Pero no basta. En la sociedad profundamente desigual en la
que vivimos, los derechos de los más débiles,
particularmente niños, niñas y adolescentes,
aparecen frecuentemente despreciados. Los autores de esos
atropellos conviven con una cultura y una praxis de impunidad.
Amar a los niños hoy, pide acciones concretas en defensa
de sus derechos. Animados por el XX Capítulo General
y sostenidos por la reflexión y apoyo de los hermanos
provinciales en la reciente 7ª Conferencia general, el
Consejo General ha hecho un llamado a todos los Maristas,
hermanos, laicos y laicas, a comprometernos de un modo orgánico
y efectivo en la defensa de esos derechos. Hemos de contribuir
junto a otros y otras representantes de diferentes organizaciones
a que la voz de estos niños, niñas y adolescentes
sea escuchada en las esferas donde se toman decisiones y se
apoyan políticas concretas a nivel mundial. Este compromiso
está comenzándose a concretar con la labor del
Hermano César Henríquez en la promoción
y defensa de los Derechos de los niños y jóvenes,
en colaboración con la ONG Franciscans Internacional.
Este 20 de noviembre de 2005 es un día
especial para todos en el Instituto Marista: es el primer
20 de noviembre que cuenta con un representante marista en
Ginebra (Suiza) celebrando ya el Día Mundial de los
Derechos del Niño.
Ojalá que este día encontremos
todos un momento de silencio para poder orar y réflexionar
en comunión con todos los niños, niñas
y adolescentes que han sido marcados y siguen siendo marcados
por el abuso impune de sus derechos. |